domingo, 8 de febrero de 2009

Yo soy hijo del tabernero, nieto del zapatero

De una manera general este poema va dedicada a todos los hombres y mujeres “mudos” que con su trabajo honesto, y muchas veces con grandes penalidades, han construido la sociedad que ahora nosotros estropeamos; y muy en particular va dedicado a todos los que a mí me pertenecen.

Yo ejecuto lo apócrifo y lo examinador,
y la urgencia precisa de lo efímero.

Está en el hijo la heredad precaria,
pero de eterno fluir subterráneo.
Yo persigo al Ser cauce;
yo debo propagar lo intenso de su imagen,
su discurrir acrecentado.

Yo soy el brote de una tierra oscura
que infatigablemente desentierra a sus hombres mudos.
Yo soy hijo del tabernero, nieto del zapatero,
fértil suelo de hombres interminables,
hombres río, abarrotados de desembocaduras,
hombres salinos, hombres rápidos,
hombres nítidos (absolutos) como una alma corpórea,
los hombres pájaro que llueven a la tarde distraídos
como si nunca hubiesen muerto.

Ellos se dejaron atrás la forma de vivir más incansable
¿estaremos a tiempo de su muerte?
¿estaremos a tiempo de rectificar
quietos, resueltamente quietos,
librando la amargura?
El olvido pide (suplica) lo más gótico de su frío,
el hambre.